Las novedades en aparatología para la depilación láser, fabricadas por industrias internacionales, no se instalan en los centros de depilación láser españoles como un producto de consumo corriente. Se trata de una tecnología de aplicación médica, y como tal, ha de estar avalada con el cumplimiento de una serie de normas que es parte de su garantía como aparatología especializada.
De entrada, una sistema de depilación láser que se instale en un centro español debe contar con el certificado de la Unión Europea, que garantiza que cumple las normas impuestas por la institución europea, desde capacidades específicas de la aplicación de la tecnología láser a los simples medios de seguridad de cableado, conexiones y enchufes.
Este certificado no garantiza nunca la efectividad de los tratamientos de la aparatología de depilación láser, lo queavala es la seguridad de los medios técnicos. Una firma de certificación independiente ha estudiado el aparato y le ha dado el visto bueno.
Un dato significativo, en la actualidad, no hay en España una reglamentación específica estatal relacionada con los aparatos que operan con sistemas de luz, ésto es, aparatología para la depilación láser y fotodepilación. Algo que, como resulta evidente, supone una carencia regulatoria, que puede afectar a la calidad, eficiencia y hasta la seguridad de la aparatología.
Los profesionales de los centros de depilación láser llevan mucho
tiempo reclamando una reglamentación que introduzca un mayor número de garantías para las novedades en la aparatología láser.
La comunidad de Castilla-La Mancha es, por el momento, la pionera en la creación de un cuerpo legal específico para esta aparatología de depilación láser. El ente autonómico considera los tipos de láser IIIA, IIIB y IV para uso médico y los del tipo I y II, para empleo puramente estético.
La escasa regulación sobre la aparatología láser convierte a la
adquisición de los equipos casi en un mero trámite burocrático, ajeno a los controles más rigurosos que son comunes en otros países de nuestro entorno.
Los equipos de depilación láser que tal vez tienen algunas ventajas añadidas son los fabricados en Europa, en la medida en que en sus diseños ya se contempla los requisitos que la Unión exige para el uso de esta aparatología.
Sin embargo, ninguna de las novedades en aparatología láser resulta una ventaja técnica bien aprovechada para el paciente de los centros de depilación láser si el personal, que ha de estar cualificado, no conoce los detalles básicos del funcionamiento del equipo o no entiende las características técnicas de la aparatología. Tan elemental, tan básico, como necesario.
Los láseres que se emplean en los centros de depilación láser son los del tipo I y II. Los del tipo I no ofrecen riesgos de ningún tipo, los del II, sí, pero las posibilidades de que se den las condiciones para que puedan afectar a la salud humana son tan remotas, que podría considerarse también nulo su riesgo.
Es más, si alguien por error o por desconocimiento introdujera cualquier parte del cuerpo en estos dispositivos, tienen protecciones suficientes que los hacen inocuos. Se autoriza su utilización porque estas
protecciones de serie se consideran suficientes.
Los láseres de las clases III y IV, en cambio no son instrumentos de uso común, es decir que no están al alcance de todos los usuarios en cualquier equipo de consumo. Son de uso medicinal y pueden provocar daños a partir de fuente de emisión o de la fibra óptica que conduce esa emisión, los daños son, sobre todo, en los ojos, y se producen si se mira directamente a la fuente de emisión láser, algo imposible en un centro de depilación láser, donde siempre se tiene en cuenta estos factores, desde la reflexión del haz, hasta la salvaguarda de la proyección del haz desde los equipos.
Visto todo ésto, las conclusiones son claras.
Los mejores dispositivos de depilación láser se encuentran en manos de quienes saben manejarlos con seguridad y profesionalidad que están al tanto de todas las novedades en la aparatología específica. Una obligación para estos profesionales, una garantía para los usuarios.

