Si bien la especialidad de Medicina Estética aún no está reconocida, existen muchos médicos dedicados a ella que luchan por ese reconocimiento oficial. Como explica la dra. Virtudes Ruiz, “existen diplomas de capacitación que emiten los Colegios de Médicos y que garantizan que el médico tiene, además de su titulación médica, una formación básica, continuada y actualizada en esta especialidad y un máster o una diplomatura específica de formación continuada cada cuatro años. El médico puede mostrar este diploma y cualquiera puede verificarlo llamando al Colegio”.
Saber escoger médico y lugar.
Al igual que no vale cualquier profesional, estos tratamientos tampoco se pueden realizar en cualquier centro. Es imprescindible que las consultas estén registradas de forma especifica en Sanidad para realizar estos tratamientos. Este registro implica inspecciones y vigilancia para que se cumplan las normas de seguridad. “Los certificados que nos entregan deben estar visibles. Garantizan que cumple la ley y que usamos productos autorizados”, explica la dra. Ruiz. No solo eso: cuando se trata del tratamiento que inmobiliza los músculos que provocan arrugas, la ley es aún más específica. En este caso, estas consultas deben tener además un depósito de medicamentos específicos, otorgado también por Sanidad tras varios controles de calidad para asegurar la correcta conservación del producto. Por eso, es aconsejable buscar esos documentos de Registro Sanitario y de depósito en las paredes de la consulta en cuestión. Y si no están a la vista, se puede preguntar por ellos sin ningún pudor, porque es obligatorio tenerlos y mostrarlos si el cliente así lo exige.
El siguiente paso antes de dejarse pinchar, es ¡firmar! Como explica la dra. Purina Espallargas, “es imprescindible que el facultativo facultativo pida que el paciente firme un consentimiento informado, un documento en el que se explica el protocolo a realizar, posibles adversidades, riesgos, efectos secundarios, etc. No solo así sabe el usuario a qué atenerse: también es una garantía para el profesional que realiza la técnica”.
No sin mis documentos.
La dra. Elvira Ródenas añade: “Además de su copia del consentimiento, el paciente debe recibir las etiquetas de los productos empleados y su documentación (el folleto explicativo, el número de lote, caducidad, etc.). Eso evitará que le apliquen productos ilegales o no autorizados, además de conocer todos los pros y contras de la intervención”. Por último, cada paciente debe pedir copia de estos documentos y guardarlos, al igual que conservar sus análisis. Así puede llevar un control de lo que le han puesto y, si cambia de médico, mostrarle su historial. La dra. María Dolores Madán añade: “El paciente debe ver el producto, verificar su nombre y observar cómo se manipula en su presencia”.
¿Duros a cuatro pesetas?
La crisis ha hecho surgir numerosas ofertas relacionadas con esta especialidad y para el paciente no es fácil saber si no está pagando caro su descuento. Cuando se trata de fillers o materiales de relleno, no todos son iguales. La dra. Madán explica: “Hay marcas de rellenos que cuestan 50 € por ampolla. Otras, hasta 300 €. Las segundas ofrecen más duración, garantías y el nombre de un laboratorio que da apoyo y formación”. “Poner una jeringuilla de relleno por 100 € es imposible –explica la dra. Virtudes Ruiz–. Nuestro coste es mayor que eso”.
En el caso de l tratamiento para evitar la formación de arrugas, las especialistas son igualmente claras: “Tratar una cara completa cuesta a partir de 500 €. Si cobran solo 300 € hay que desconfiar, bien porque no se han utilizado las unidades necesarias o porque se han diluido en suero para que cundan más. Y si hablamos de productos no autorizados, nos encontraremos las rebajas y súper rebajas”, declara la dra. Espallargas.

